Abastecimiento

ABRIR EL GRIFO… Y QUE SALGA AGUA

Cuando disponemos de agua potable en los depósitos de cabecera, una larga y compleja red de tuberías (malladas y a presión) debe guiarla hasta sus usuarios allá donde se encuentren. Para vivir o para trabajar. Su mantenimiento es delicado y costoso además de molesto, pues comparte su espacio con todos los hábitats de la ciudad. Y debe soportar un servicio continuo, cuyas interrupciones deben ser infrecuentes y, si es posible, advertidas previamente a sus afectados.

Los equipos a cargo de estas operaciones necesitan, ante todo, flexibilidad y capacidad de reacción ante las emergencias: algo que solo una planificación inteligente de sus cometidos (previstos o imprevistos) y un conocimiento en tiempo real de su posición y tarea en curso pueden proporcionarles.

Lo habitual viene siendo que la información de que se dispone, de una parte, respecto de los usuarios de la red (los que demandan agua) se enfoquen hacia operaciones de tipo administrativo, como contratar o facturar, y, de otra, los datos sobre la red (y sus conexiones) den soporte a operaciones de tipo técnico. Pero no suele existir relación operacional directa entre unos y otros. Así, el aviso de cualquier incidencia por un usuario permite saber el quién, pero no el dónde, alargando el tiempo requerido para resolver el problema. Pero cuando sabemos el dónde (como las zonas que van a quedar sin servicio para reparar una avería), no sabemos quiénes son los usuarios afectados, y no siempre podemos avisarles.

Gestagua está resolviendo este problema de una forma ante todo práctica. Sin sistemas monstruo ni conexiones satelitales inestables. El entorno GEA, que Gestagua puede personalizar para cada abastecimiento, provee formas sencillas y operativas de conectar el quién y el dónde en el mundo del agua.

Las personas que se esconden detrás de cada acometida de agua. O las redes que dan servicio a cada persona concreta. Y lo hace a partir de sistemas que ya funcionan en el mercado. Sin necesidad de grandes inversiones ni de pagar patentes. Cuando esta conexión funciona, todo parece ordenarse: sistemas de información que parecían dispersos encuentran enseguida su encaje en el proceso integrado.